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LA ESCUELA MEDIA LA CAÑADA HIZO HISTORIA

TRIUNFO EN LAS OLIMPIADAS PROVINCIALES DE COMUNICACIÓN

En La Cañada, departamento Graneros, donde cada amanecer huele a tierra húmeda y esfuerzo silencioso, tres jóvenes de la Escuela Media La Cañada lograron que su voz viajara mucho más lejos de lo que imaginaron. Ana Lucía Rasgido, Camila Rasgido y Héctor Graneros participaron en las Olimpiadas Estudiantiles de Comunicación y Periodismo de la Universidad Nacional de Tucumán con un corto audiovisual creado bajo la guía del profesor Franco Artaza. Y no solo participaron: ganaron, emocionaron y representaron a toda una comunidad.

Las Olimpiadas, destinadas a estudiantes de 5° y 6° año de escuelas secundarias de toda la provincia, impulsan la producción crítica y creativa sobre temas que atraviesan a la juventud: la crisis climática, la inteligencia artificial, las identidades juveniles y el ecosistema digital. En este espacio, comunicar es también construir futuro.

La premiación se realizó hoy en el Espacio Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras, donde los estudiantes estuvieron acompañados por la Directora de la institución, Prof. Yolanda Marino, y la Asesora Pedagógica, Lic. Luciana Brito. Ambas siguieron la proyección con el corazón en la mano. Y cuando el corto llegó a su fin, el aplauso fue inmediato, intenso. La sala se puso de pie; muchos, con lágrimas en los ojos.

La Directora Marino expresó con emoción:
“Este trabajo cumplió con los objetivos. Más que recibir un premio, transmitió un mensaje muy importante que emocionó hasta las lágrimas al público. El mensaje es que SÍ PODEMOS, por más adversas que sean las situaciones. Es transmitir, animar, alentar. Es inspirar a los alumnos desde el lugar que cada uno ocupa.”

Finalmente, agradeció al profesor Artaza por su compromiso creativo:
“Muchas gracias, profe Franco Artaza, por la predisposición y acompañamiento en las ideas de sus alumnos, que sin duda también son sus ideas. Y allí está la diferencia. Trabajar como docente tiene ese plus.”

La voz de Ana marcó el pulso del relato en el comienzo del corto y atravesó la sala con la sencillez de lo cotidiano:

“Me llamo Ana, tengo 17 años y estoy terminando el secundario en la Escuela Media La Cañada. Me despierto temprano, como todos los días. El olor del mate cocido con pan me lleva a la cocina. Mi mamá ya está ahí. Mi papá también. Hablamos un rato antes de que el día empiece de verdad… Mi papá me lleva en moto hasta la escuela. En el trayecto veo a mis compañeros caminando. Algunos vienen de lejos, cruzan fincas, pasan arroyos. A veces pienso que todos vamos al mismo lugar, pero no todos soñamos lo mismo ni creemos que esos sueños se puedan cumplir.”

Ese fragmento, simple y profundo, fue suficiente para que muchos entendieran que detrás de cada estudiante rural hay una historia que merece ser contada. Y hoy, esas historias encontraron escenario, público y reconocimiento.

La Cañada celebró. Los chicos también. Pero lo más importante es que su mensaje —auténtico, sensible y necesario— ya empezó a viajar más lejos que cualquiera de ellos imaginó.

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