
La pregunta inevitable es: ¿qué puede copiar Tucumán de esa experiencia?
Cuando el problema no era la bici, sino el auto
A comienzos de los 2000, París era una ciudad dominada por el tránsito motorizado: embotellamientos crónicos, smog, calles ruidosas y un espacio público cada vez más hostil. La bicicleta existía, pero era marginal y peligrosa.
El diagnóstico fue simple y contundente: el problema no era la falta de ciclistas, sino el exceso de autos. La solución, en consecuencia, no podía limitarse a “poner ciclovías”, sino a redefinir prioridades urbanas.
Qué hizo París: menos autos, más ciudad
París avanzó con una estrategia clara y sostenida:
- Redujo carriles para autos y los transformó en ciclovías continuas.
- Bajó la velocidad máxima en amplias zonas de la ciudad.
- Amplió veredas y recuperó espacio para peatones.
- Conectó barrios con infraestructura ciclista segura y legible.
- Apostó a medidas visibles, rápidas y reversibles, evitando megaproyectos eternos.
El mensaje fue explícito: el auto dejó de ser el centro de la ciudad. No se prohibió, pero dejó de ser la prioridad.
Qué cambió en la vida de los parisinos
Los efectos no fueron solo ambientales. Cambió la experiencia urbana:
- Traslados más previsibles y menos estresantes.
- Más actividad física cotidiana, sin necesidad de “ir al gimnasio”.
- Calles más silenciosas y seguras.
- Comercios barriales revitalizados.
- Un espacio público más habitable, incluso para quienes nunca usan bicicleta.
Moverse dejó de ser un problema diario para convertirse en parte de la calidad de vida.
El espejo tucumano: problemas parecidos, otra escala
San Miguel de Tucumán no es París. Pero comparte varios síntomas:
- Calles saturadas en horarios pico.
- Dependencia casi total del automóvil para trayectos cortos.
- Escaso espacio para peatones y ciclistas.
- Ruido, calor urbano y estrés cotidiano.
Paradójicamente, Tucumán tiene distancias cortas, clima favorable gran parte del año y una escala ideal para la movilidad activa. El problema no es geográfico: es de decisiones.
Qué sí podría copiar Tucumán de París
No se trata de replicar el modelo europeo, sino de adaptar principios:
- Priorizar personas, no vehículos
Calles alrededor de escuelas, plazas y centros comerciales pueden calmarse sin grandes obras. - Ciclovías simples, continuas y visibles
No hace falta una red perfecta: hace falta que conecte puntos clave y genere confianza. - Reducir velocidad, no movilidad
Menos velocidad mejora seguridad y convivencia sin “paralizar” la ciudad. - Intervenciones rápidas y económicas
Pintura, señalización y cambios de sentido cuestan menos que seguir ampliando calles. - Mensaje político claro
La movilidad sostenible funciona cuando la ciudad comunica para quién está pensada.
Qué limitaciones existen (y por qué no son excusa)
- Cultura vial centrada en el auto.
- Falta de planificación metropolitana.
- Presupuesto limitado.
París también tuvo resistencia social y política. La diferencia fue persistir. La movilidad no se transforma en un año, pero empieza con decisiones visibles.
Qué ganaría un ciudadano tucumano
Si Tucumán avanzara en esta dirección, el beneficio sería concreto y cotidiano:
- Menos tiempo perdido en el tránsito.
- Menos gasto en combustible.
- Más salud física y mental.
- Calles más seguras para niños y adultos mayores.
- Una ciudad más amable, incluso para quienes siguen usando el auto.
No se trata de “amar la bicicleta”. Se trata de vivir mejor.
Pensar la ciudad que queremos habitar
París entendió algo clave: la movilidad no es solo cómo nos movemos, sino cómo vivimos. Tucumán tiene la oportunidad de aprender de esa experiencia sin copiarla ciegamente, pero sí asumiendo que el espacio urbano es un recurso finito.
La pregunta ya no es si se puede cambiar. La pregunta es cuánto más vamos a esperar para hacerlo.
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/01/25/que-puede-aprender-tucuman-de-paris-para-moverse-mejor-sin-usar-el-auto/




