La historia oculta de la casa de Manuel Belgrano en Tucumán

Vivió durante varios años.

Una casa sencilla, de paredes blancas, no muchas habitaciones, techo de paja, y alejada del centro urbano, guarda una historia que pocos conocen. Allí vivió Manuel Belgrano, el creador de la Bandera, en San Miguel de Tucumán. Por entonces, optó por permanecer lejos de los homenajes y el bronce, fiel a su estilo austero.
En este modesto espacio, ubicado en la avenida Bernabé Aráoz al 600, en la capital tucumana, se cruzan la intimidad del prócer con los sacrificios de una época marcada por el sueño de una patria libre, forjada a sangre y coraje por soldados del Ejército Argentino y gauchos decididos a enfrentar al poder colonial.

La casa belgraniana, solar histórico
A propuesta del Instituto Belgraniano de la provincia, la casa que ocupó el creador de la Bandera en el siglo XIX fue reconstruida por la Ciudad e inaugurada el 27 de septiembre de 2012, en el marco de la celebración con motivo de los 200 años de la Batalla de Tucumán.
En el predio que ocupa, hay una colección de objetos vinculados al prócer. Incluso, el Instituto Nacional Belgraniano fue el que donó unas banderas nacionales y otra de la Libertad Civil. De hecho, hasta los alumnos de una escuela de alta montaña realizaron un mural de Belgrano con lana de ovejas para ser incluido dentro del museo. Es decir, una vez que la provincia dio el puntapié para homenajear a uno de los próceres más importantes de Argentina; muchas instituciones quisieron decir presente en la exhibición.

Así fue la estadía de Belgrano en la provincia de Tucumán
En palabras de Gigliola, primero Manuel Belgrano estuvo en la provincia de Tucumán durante el tiempo que duró la batalla. Por entonces, en 1812, se alojó en la iglesia “San Francisco”, frente a la Plaza Independencia.
Luego, regresó a la provincia en 1814, tras entregar el mando del Ejército al general José Francisco de San Martín. Posteriormente, volvió en 1816, para participar de la sesión secreta del 6 de julio, días antes de la declaración de la Independencia. Por entonces, el Congreso nombró a Belgrano como jefe del Ejército del Norte por segunda vez.

Techos de paja, un aljibe y unas pocas habitaciones constituyeron la única propiedad adquirida por Belgrano.
La gloriosa Batalla de Tucumán, la más gaucha de todas
¿Por qué la de Tucumán es la batalla más popular de todas?, “Se dice que es la más federal y la más criolla porque participaron ciudadanos de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, y hasta de Tarija. Incluso, hubo mujeres, como María Remedios del Valle. También acompañó Josefa Ezcurra, que quedó embarazada de Belgrano, y, meses después, nació Pedro Pablo”, responde.

La austera vida de Manuel Belgrano
“Era muy humilde la casa. En el comedor tenía una mesa de madera muy sencilla, con dos sillas de paja. Dormía en un catre. Las descripciones hablan de un hogar muy austero, de mucha simpleza”, cuenta Gigliola.

La casa está rodeada por un mural que recorre los distintos momentos de la vida de Manuel Belgrano.
Antes de morir, Belgrano le pagó a su médico por sus servicios con su reloj, único objeto de valor que tenía en su poder. No contaba con dinero, así que dejó testamentada una deuda: le pidió a su hermano, Domingo, que una vez que le paguen lo que le debía el gobierno, además de saldar la deuda, el dinero vaya destinado a la crianza de su hija mujer.
La casa por dentro: uno por uno, los elementos de la exhibición
Adentro, hoy la Casa Belgraniana exhibe un centenar de objetos que reflejan la importancia del creador de la Bandera en la historia.

Al recorrer la cocina de la casa, Gigliola agrega que Belgrano también tenía una huerta.
Con respecto a la prensa móvil que se encuentra en el solar, la licenciada señala el trabajo periodístico de Manuel Belgrano: “Aquí se ponían las letras, que eran de plomo, y se pintaban. Luego se ponía el papel. Justamente, esa prensa móvil se utilizó para hacer el primer diario de Tucumán”.
Otro curioso elemento exhibido es la réplica de las lanzas usadas por los gauchos durante la Batalla de Tucumán. Al respecto, Gigliola aclara que, por entonces, no había armamento para todos. Y, como la mayoría de quienes se sumaron al enfrentamiento eran gauchos, empleaban una caña de tacuara y, en su extremo, se colocaba un cuchillo o tijera a la mitad.
También, en lo que debió ser la habitación del General, hay un catre de campaña: “´Él lo usaba con un colchón muy finito y, cada vez que se lo venía a ver, él lo tenía doblado. Es decir, la única vez que se extendía era durante las pocas horas de sueño que tenía el prócer; pues dicen que permanecía mucho tiempo en vigilia. Incluímos la imagen de la Virgen de la Merced, pues era devoto y fue, por su intersección, que obtuvo la victoria en Tucumán”.

Fue en septiembre de 2012, con motivo de los 200 años de la Batalla de Tucumán, que la provincia decidió recrear el hogar que ocupó Belgrano durante su estadía en la capital del Jardín de la República.
Finalmente, el solar recrea la cocina de la casa de Belgrano. Gigliola cuenta que, además, Belgrano tenía una huerta a la que le dedicaba su tiempo. En ese sentido, la licenciada agrega que su Ejército debió permanecer largo tiempo sin ayuda del gobierno; en consecuencia, y para mantener a sus soldados, él obligaba a cada unidad a tener sus propios cultivos.
“Belgrano tuvo dos hijos. Uno con Josefa Ezcurra, la cuñada de Juan Manuel de Rosas. Los padres de Josefa la habían comprometido en matrimonio con un primo. Pero, con las ideas revolucionarias de 1810, él regresó a Europa y la abandonó. Ella, entonces, retomó su romance con Belgrano. Y, cuando ella se entera que lo habían enviado al Norte, decide ir a su encuentro. Estando acá, quedó embarazada y decidió viajar a Santa Fe para tener a su hijo. Ella aún tenía a su marido con vida, iba a ser una deshonra para la familia. Entonces, Encarnación Ezcurra, casada con Rosas, lo adoptó como hijo propio: Pedro Pablo Rosas se entera que era hijo de Belgrano luego de que falleciera el prócer; a partir de ese momento, termina firmando las cartas como Pedro Rosas y Belgrano”.