El caso volvió a poner en el centro del debate la combinación de imprudencia, potencia y una geografía tan atractiva como engañosa. Porque La Frontera no es solo un paseo turístico: es un entorno natural dinámico, cambiante y, en muchos tramos, impredecible.
Desde la Dirección de Seguridad en Playa coinciden en que uno de los mayores riesgos es que los médanos no están fijados por vegetación. “Con viento sur o norte fuerte cambian significativamente. Lo que viste ayer, hoy puede no estar. El relieve se modifica y las pendientes pueden cortarse a pico de un lado”, explicaron.
En La Frontera se cruzan hoy distintos tipos de vehículos, pero con una característica común: cada vez son más potentes. Circulan camionetas 4×4 que originalmente no están pensadas para arena pero ingresan tras bajar la presión de las ruedas, cuatriciclos y, sobre todo, UTV de última generación, muy distintos a los modelos iniciales que se asemejaban a carritos de traslado.
“Hoy tenés UTV que alcanzan los 120 kilómetros por hora, con tracción integral y mucha tecnología”, explicaron desde la Dirección de Seguridad en Playa.
El problema no es solo el vehículo en sí, sino el uso que se hace de esa potencia en un terreno cambiante, sin visibilidad y con pendientes abruptas. “Las marcas sacan cada año modelos más rápidos y más caros, pero cuando se los usa como no se los tiene que usar, sin el equipo adecuado y sin conocer el terreno, el peligro existe”, advirtieron.
La llamada “trampa del médano” tiene que ver justamente con su forma. La cara de subida (barlovento) suele ser suave, pero del otro lado aparece la bajada (sotavento), mucho más empinada o directamente abrupta. En muchos casos se trata de médanos cortados, donde el terreno se interrumpe de golpe por erosión del viento o la presencia de cierta vegetación. “Vos venís subiendo y de repente se corta a pico. Si no frenás, saltás y das vuelta”, señalaron desde el área de Seguridad.
A eso se suma una situación frecuente en La Frontera: dos vehículos intentando subir el mismo médano desde lados opuestos sin verse. “Cuando avanza un auto, el otro no lo ve y cuando lo ves, ya los tenés encima”, relataron. En esos casos, el impacto es casi inevitable, sobre todo cuando ambos vehículos suben con envión.
La velocidad y la potencia agravan el escenario. Camionetas 4×4, UTV y cuatriciclos cada vez más potentes circulan por un terreno donde, según advierten los especialistas, el vehículo no frena como en el asfalto. “Si acelerás de más se entierra, si doblás cerrado lo volcás. Son cuestiones básicas de aprender a manejar en arena”, explicaron desde la Dirección de Seguridad en Playa. “Hay que entender el medio y tener sentido común”.

El geólogo Rodríguez Capítulo coincide: “Aunque tengas muchísimo motor, tenés que subir con envión. Y cuando dos vehículos llegan con envión desde lados opuestos, no hay margen de reacción”. Incluso los elementos de seguridad, como los banderines obligatorios en UTV y cuatriciclos, muchas veces solo se detectan cuando el vehículo ya está en la cima.
Pese a los riesgos, La Frontera sigue siendo un imán. Familias enteras pasan el día entre los médanos, mientras otros visitantes se acercan incluso después de las tragedias, impulsados por la curiosidad o los videos que circulan en redes sociales. En días lindos, según datos oficiales, ingresan entre cuatro mil y seis mil vehículos por jornada al sector.
“El problema es que no estamos acostumbrados a manejar en este tipo de ambientes”, resume Rodríguez Capítulo. Y aunque hoy la atención está puesta en la evolución del niño internado, el accidente vuelve a exponer que detrás de la postal perfecta de La Frontera hay un terreno cambiante y peligroso, donde la falta de visibilidad, la velocidad y el desconocimiento pueden transformar una salida recreativa en una tragedia.
Candela Toledo