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De la convivencia al conflicto: la Caja Popular como señal de poder

El recambio en la conducción de la Caja Popular de Ahorros terminó de cristalizar lo que desde hace tiempo se percibía en el oficialismo tucumano: la etapa de convivencia incómoda dio paso a un conflicto político abierto. 

La decisión del gobernador Osvaldo Jaldo no inaugura la disputa, pero sí la hace explícita y redefine el tablero interno del peronismo provincial. La Caja Popular nunca fue un organismo más. En Tucumán, su peso excede lo financiero: es una herramienta de gestión social, un engranaje territorial y una pieza clave del poder político. Por eso, avanzar sobre su conducción no es un gesto administrativo sino una definición de mando. Jaldo eligió intervenir allí donde el poder es tangible, enviando un mensaje directo hacia el diputado nacional Carlos Cisneros, cuyo armado político y sindical encontraba en la Caja uno de sus principales anclajes institucionales.

Durante meses, ambos sectores sostuvieron un equilibrio frágil. No hubo ruptura pública, pero tampoco respaldo pleno. La convivencia se mantuvo más por necesidad que por convicción. Ese esquema se agotó. El recambio marca el pasaje de una estrategia de tolerancia a otra de control abierto: Jaldo decidió cerrar una etapa y asumir el costo político de hacerlo.

Las nuevas autoridades, Guillermo Norry y Antonio Bustamante, importan menos por sus trayectorias individuales que por lo que simbolizan. Representan una conducción alineada sin matices con el Ejecutivo, destinada a garantizar que las áreas sensibles del Estado no funcionen como espacios de poder autónomo. El mensaje hacia adentro del oficialismo es claro: no habrá dobles comandos.

En paralelo al debilitamiento del cisnerismo, emerge con fuerza otra figura: Darío Monteros. El secretario del Interior aparece como uno de los principales ganadores del nuevo esquema. Su crecimiento no es casual ni coyuntural. Monteros encarna la lógica que hoy privilegia Jaldo: control territorial, capacidad de articulación política y lealtad operativa. En una provincia donde el territorio sigue siendo la principal moneda de poder, su consolidación lo ubica como pieza central del armado oficialista.

La contracara es clara. Cisneros no desaparece del mapa político, pero pierde capacidad de incidencia en áreas clave del Estado. El desplazamiento de su sector de la Caja Popular implica un corrimiento en la distribución de poder y un achicamiento de márgenes para sostener autonomía dentro del oficialismo. En el peronismo tucumano, las derrotas rara vez son definitivas, pero sí reordenan roles, tiempos y expectativas.

El conflicto, lejos de cerrarse, abre una nueva etapa. Jaldo concentra poder y envía una advertencia: la gobernabilidad se ejerce desde el control efectivo de las decisiones estratégicas. Al mismo tiempo, fortalece a quienes garantizan ese control en el territorio. La Caja Popular fue la señal. El mensaje, más amplio: en política, las rupturas importantes no siempre se anuncian. A veces, simplemente se ejecutan.

 

Fuente: https://quediario.com.ar/2026/01/24/la-caja-popular-como-senal-politica/

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