Cohen Imach presentó su libro «Secretos y memorias de una infancia abusada»: «En el momento de la revelación del hecho, hay que escuchar al niño y validarlo»

La licenciada en Psicología, Silvina Cohen Imach, en diálogo con Café Prensa se refirió a la presentación de “Secretos y memorias de una infancia abusada”. Además, detalló cuáles son las señales a las que se debe prestar atención en niños y adolescentes, así como la importancia de la escucha y la validación de sus palabras en el proceso de sanación.
“Secretos y memorias de una infancia abusada busca transmitir lo que los niños nos pueden contar a través de juegos y dibujos, que es lo que elegí para trabajar, porque mediante ellos relatan lo que les pasó, sus historias, sus vínculos y sus secretos”, expresó. “Todas las familias están fundadas en secretos, y eso remite al concepto de lo mítico, a ese momento inaugural de la vida de una persona. Sigmund Freud decía que aquello que no se resuelve en una generación, se resuelve en la siguiente. En los niños abusados vemos que, en la mayoría de los casos, hay antecedentes en generaciones anteriores: una madre, un padre o un tío que también fueron abusados. Por eso es importante hablar de los secretos y la memoria”, agregó.
Luego explicó que en su obra “se toman elementos de la memoria colectiva y su importancia, que en el niño abusado funciona de manera similar. ¿Cuándo empieza a sanar? Cuando puede construir esa memoria colectiva junto a otro. Ese otro debe estar como testigo: si el niño habla y no es escuchado, esa es la verdadera fatalidad”.“Nosotros decimos que el niño lo cuenta una sola vez: si no es escuchado en ese momento, no lo vuelve a decir. Y el peor componente del abuso es el silencio”, analizó sobre la relevancia de la escucha.
En relación a las señales de alerta, explicó: “El abuso tiene un efecto traumático en el psiquismo: genera una herida y una división interna que produce disociación, permitiendo que el niño continúe con su rutina diaria”. “Ese contenido traumático queda relegado, pero en esa disociación aparecen señales como el silencio, la introversión, la agresividad excesiva o conductas sexualizadas con otros niños o adultos, lo cual debe ser un llamado de atención. En adolescentes, también hay que prestar atención a los silencios prolongados o los llantos espontáneos”, detalló.
Sobre el proceso de revelación, señaló: “No es inmediato. El niño puede empezar diciendo cosas como ‘no quiero ir a la casa del abuelo’ o ‘es malo’. Son pequeñas señales que, en algún momento, pueden transformarse en expresiones más directas, por ejemplo durante el baño: ‘no me toques porque me duele’. Ahí aparece lo que llamamos la revelación, y ese es el momento clave: hay que escuchar y validar para luego actuar en consecuencia”.
En cuanto a los pasos a seguir, explicó: “Lo primero es interrumpir el contacto con la persona señalada como agresor y luego realizar la denuncia, ya que eso tiene un efecto reparador. El niño necesita entender que no es culpable, porque suele cargar con mucha culpa, especialmente a partir de los tres años, cuando comienza a tener mayor comprensión de lo ocurrido”. “Tras la denuncia, se activa un protocolo que incluye la entrevista testimonial en cámara Gesell y evaluaciones psicológicas tanto del niño como del denunciado”, agregó.
Finalmente, destacó el rol del acompañamiento terapéutico: “Desde el consultorio trabajamos en la elaboración de lo traumático. El mensaje es que se puede salir y reparar. Si el abordaje es temprano, es posible evitar que queden patologías”. También se refirió al impacto en el núcleo familiar: “El abuso produce una implosión en la familia. Por eso es fundamental acompañar a los adultos responsables, quienes muchas veces sienten culpa por no haber detectado la situación a tiempo”. “Siempre insisto en la importancia de la ternura: tanto el niño como sus padres pueden sentirse culpables. Hay que recomponer ese vínculo desde el afecto, porque ese sostén emocional es clave en el proceso de recuperación”, concluyó.



