
El problema de fondo: calles que dejaron de ser espacios sociales
Antes de sus transformaciones, Bogotá enfrentaba dificultades conocidas: tránsito caótico, desigualdad territorial, poco acceso al espacio público de calidad y una fuerte dependencia del automóvil. Para amplios sectores de la población, la ciudad era un lugar de paso, no de encuentro.
El diagnóstico fue tan urbano como social: la calle había dejado de cumplir su función comunitaria. Recuperarla implicaba algo más profundo que ordenar el tránsito.
Qué hizo Bogotá: abrir la ciudad, aunque sea por un día
La política más emblemática fue simple y potente: cerrar calles al tránsito automotor y abrirlas a la gente.
Así nació la ciclovía dominical, un sistema que cada fin de semana libera kilómetros de calles para que peatones, ciclistas, familias y deportistas se apropien del espacio urbano. No hubo grandes obras ni infraestructura costosa. Hubo decisión política, logística y un mensaje claro: la calle también es un bien común.
Con el tiempo, la experiencia se amplió:
- Actividades culturales y recreativas gratuitas
- Espacios seguros para niños y adultos mayores
- Integración de barrios que no solían encontrarse
Qué cambió en la vida cotidiana
El impacto fue inmediato y acumulativo:
- Más actividad física sin costo
- Mayor convivencia entre distintos sectores sociales
- Revalorización del espacio público
- Sentido de pertenencia urbana
- Una ciudad que se vive, no solo se transita
Para muchos ciudadanos, la ciclovía fue el primer contacto real con una ciudad pensada para ellos.
Tucumán frente al espejo
San Miguel de Tucumán comparte varios desafíos con la Bogotá previa a estas políticas:
- Escasez de espacios públicos activos
- Calles dominadas por el tránsito
- Pocas opciones gratuitas de recreación
- Uso desigual del espacio urbano.

Sin embargo, Tucumán tiene ventajas claras: escala compacta, identidad barrial fuerte y una vida social intensa. La calle, culturalmente, ya es un lugar de encuentro. Falta potenciarla.
Qué podría copiar Tucumán (sin grandes costos)
La experiencia bogotana deja aprendizajes directos y adaptables:
- Calles abiertas de forma temporal
No todo tiene que ser permanente. Probar también es gobernar. - Eventos urbanos regulares
Que la gente sepa que la calle es suya, al menos un día a la semana. - Priorizar el uso social del espacio
Caminar, jugar, encontrarse, moverse sin consumir. - Bajo costo, alto impacto
Señalización, presencia estatal y organización barrial alcanzan para empezar.
Las resistencias, también conocidas
Bogotá enfrentó quejas, dudas y críticas: comerciantes preocupados, automovilistas molestos, sectores escépticos. Tucumán no sería la excepción. La diferencia estuvo en sostener la política en el tiempo. La apropiación ciudadana fue más fuerte que la resistencia inicial. 
Qué gana un ciudadano tucumano
Si Tucumán avanzara en esta dirección, el beneficio sería inmediato y tangible:
- Más espacios para compartir
- Menos estrés urbano
- Más salud y movimiento
- Calles más seguras y vivas
- Una ciudad que se disfruta, no solo se padece
Recuperar la calle no es solo una decisión urbanística. Es una decisión cultural.
Volver a encontrarnos en la ciudad
Bogotá demostró que no hace falta esperar a ser una ciudad rica para tener una ciudad más justa. A veces, alcanza con animarse a soltar el auto y confiar en la gente.
La pregunta para Tucumán no es si puede hacerlo. La pregunta es cuándo empieza a intentarlo.
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/02/01/cuando-la-calle-vuelve-a-ser-de-la-gente-la-leccion-de-bogota-para-tucuman/



