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Más de US$80 millones por ventanilla… y nadie hace preguntas

Opinión. En Tucumán hay ciudadanos que, si quieren retirar una suma importante de su cuenta, deben avisar al banco, justificar la operación y esperar autorización. Parece lógico: son los controles de un sistema que dice combatir el lavado de dinero.

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Pero existe otra realidad que parece escrita por un guionista con demasiado sentido del humor.

Primero fueron las valijas de la Legislatura, reveladas por La Gaceta: fondos públicos trasladados en efectivo que, convertidos al tipo de cambio de entonces, representaban alrededor de 46 millones de dólares. Después llegaron los retiros por ventanilla de la Municipalidad de Banda del Río Salí, también publicados por La Gaceta, equivalentes a 21 millones de dólares. Más tarde, El Tucumano informó sobre extracciones por otros 17 millones de dólares desde cuentas de la Caja Popular de Ahorros.

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Más de 80 millones de dólares desfilaron por ventanillas bancarias según esas publicaciones periodísticas. Y, sin embargo, la pregunta que sigue haciendo fila es otra: ¿quién explicó, con documentos y de cara a la sociedad, cómo funcionaron los controles en operaciones de semejante magnitud? No corresponde afirmar que hubo irregularidades donde la Justicia no las acreditó. Pero tampoco resulta saludable que la única respuesta permanente sea el silencio. La confianza pública no se decreta; se construye.

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Mientras tanto, en las calles, la Policía persigue al ladrón que roba un estéreo o una rueda. Y está bien que lo haga. Lo llamativo es que cuando las cifras dejan de contarse en miles y pasan a contarse en millones, el debate parece mudarse de los hechos a la amnesia.

Las entidades financieras cumplen un papel central en el sistema de prevención del lavado y tienen obligaciones legales de monitoreo y reporte. La ley también protege la confidencialidad de esos mecanismos. Precisamente por eso, quien sí tiene una obligación indelegable de hablar es el Estado. Porque el dinero no era privado: era de los contribuyentes.

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Quizá el mayor problema de Tucumán no sea que existan preguntas incómodas. Quizá sea que nos hayamos acostumbrado a convivir con ellas sin exigir respuestas. Y cuando una democracia deja de incomodarse por el manejo de los fondos públicos, el riesgo no es solamente perder dinero. Es perder la capacidad de sorprenderse.

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FUENTE:https://quediario.com.ar/2026/07/04/el-cajero-automatico-mas-grande-de-tucuman-no-tenia-teclado/

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