La multinacional abandona la producción local. El cierre profundiza el debate sobre el empleo industrial, las importaciones y la caída del consumo.
PUBLICIDAD
Electrolux cerrará su planta de Rosario desde el 26 de septiembre y abastecerá al mercado argentino con productos importados. La fábrica emplea a unos 180 operarios, aunque se analizan alrededor de 100 despidos, según la información publicada. La compañía mantendrá la comercialización de Electrolux y Gafa, las garantías y la asistencia técnica.
La decisión lleva al extremo un proceso de achicamiento que ya había incluido retiros voluntarios, suspensiones y eliminación de líneas de producción. La fábrica rosarina venía perdiendo actividad desde antes del anuncio, con dificultades para sostener su estructura en un mercado atravesado por menores ventas y una competencia importada creciente.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión política que excede a una empresa: qué lugar conserva la fabricación nacional cuando las marcas pueden abastecer el mismo mercado desde el exterior. La continuidad comercial puede sostener la presencia de un producto en las góndolas, pero tiene consecuencias diferentes sobre el empleo, los proveedores y la capacidad productiva.
PUBLICIDAD
De los retiros voluntarios al cierre
En marzo, Electrolux había abierto un programa de retiros voluntarios para reducir en 100 trabajadores su plantel rosarino. La propuesta reunió alrededor de 130 interesados, según información gremial difundida entonces, y anticipó la profundidad del ajuste que atravesaba el establecimiento.
La oferta contemplaba la indemnización completa y tres salarios adicionales. Desde la UOM Rosario explicaban que el endeudamiento familiar influía sobre las decisiones: para algunos trabajadores, cobrar la salida representaba una posibilidad de cancelar tarjetas y préstamos acumulados.
Ese antecedente permite dimensionar el deterioro previo. El retiro voluntario aparecía como una salida individual frente a la incertidumbre, mientras la fábrica perdía personal. La discusión sobre cómo conservar la producción convivía, dentro de los hogares, con una urgencia mucho más inmediata: cómo ordenar las cuentas.
PUBLICIDAD
Las heladeras habían marcado el repliegue
En abril ya se había conocido la decisión de dejar de fabricar heladeras en Rosario y reemplazarlas por unidades importadas. En ese momento, el establecimiento conservaba alrededor de 250 trabajadores, después de la salida de otros 120 mediante retiros voluntarios.
La continuidad industrial quedaba concentrada en freezers y lavarropas. La empresa sostenía entonces que mantendría esas categorías de producción, junto con sus operaciones comerciales y de servicio en el país. El repliegue de la línea de heladeras ya mostraba un cambio en la manera de abastecer al mercado argentino.
Para una ciudad industrial, esa transformación tiene un alcance que supera la cantidad de empleados dentro de una planta. Fabricar demanda mantenimiento, transporte de componentes, servicios técnicos y proveedores. Importar el producto terminado modifica esa trama, aunque la marca conserve sus ventas y su red comercial.
PUBLICIDAD
Los lavarropas chinos, en el centro de la discusión
La presión competitiva también había quedado expuesta en el expediente sobre lavarropas provenientes de China. El Ministerio de Economía cerró la investigación impulsada por Drean sin aplicar derechos antidumping definitivos, después de determinar que no se había comprobado dumping.
La resolución despejó la posibilidad de ese recargo específico sobre las operaciones alcanzadas. No implicó, por sí misma, una reducción automática de los precios al consumidor: el valor final también depende del tipo de cambio, los costos logísticos, los márgenes y las condiciones de financiación.
Tampoco permite atribuirle el cierre de Electrolux a una única medida. El ajuste de la fábrica había comenzado antes. Lo que sí expone es el escenario en el que se toman las decisiones empresariales: cuánto cuesta producir localmente, cuánto cuesta importar y qué volumen de ventas permite sostener una planta.
PUBLICIDAD
El costo político de perder producción
Electrolux atribuyó la decisión a una revisión estratégica orientada a mejorar la eficiencia y la competitividad global. También afirmó que cumplirá sus obligaciones laborales y acompañará la transición de los trabajadores involucrados.
La explicación empresarial no clausura el debate económico. Para evaluar una transformación de este tipo, hace falta mirar simultáneamente los precios, la oferta disponible y el empleo. Una mayor presencia de productos importados puede ampliar las opciones comerciales, pero la pérdida de capacidad industrial obliga a discutir qué actividades absorberán a los trabajadores desplazados.
Ahí aparece el desafío para el Gobierno: demostrar cómo su esquema económico puede traducirse también en producción y empleo sostenible. En Rosario, esa discusión deja de ser abstracta cuando una fábrica deja de producir. Las marcas pueden seguir en las vidrieras; reconstruir los puestos de trabajo exige algo más que mantener las ventas.
PUBLICIDAD
FUENTE:https://confidencial.ar/nota/3173/electrolux-deja-de-fabricar-en-el-pais-y-expone-el-costo-industrial-del-modelo-de-milei/




