POLITICA A LA TUCUMANA
PUBLICIDAD
Mientras el mundo avanza con las redes sociales, la inteligencia artificial y nuevas formas de comunicación, en Tucumán persisten prácticas políticas de otras épocas. Los actos multitudinarios, las estructuras territoriales y los discursos cargados de promesas siguen ocupando un lugar central. Pero la sociedad cambió y hoy tiene muchas más herramientas para informarse, cuestionar y exigir resultados
Durante décadas, la política se construyó alrededor de dirigentes que hablaban desde un escenario y multitudes que escuchaban. Hoy, un celular permite conocer noticias al instante, contrastar discursos y revisar promesas incumplidas. La pregunta es si los dirigentes tucumanos comprendieron realmente ese cambio o si continúan aferrados a una forma de hacer política que necesita exhibir multitudes para demostrar poder.
PUBLICIDAD
En Tucumán, el tiempo parece haberse detenido
Y no hablamos solamente de las calles deterioradas, los colectivos antiguos o la infraestructura que en algunos sectores parece pertenecer a otra época. Hablamos de algo mucho más profundo: la forma de hacer política.
Mientras el mundo experimenta una transformación tecnológica sin precedentes, con inteligencia artificial, redes sociales y comunicaciones instantáneas, buena parte de la política tucumana continúa recurriendo a métodos que tuvieron su auge varias décadas atrás.
Los actos multitudinarios, las caravanas, los colectivos contratados para trasladar simpatizantes, los discursos interminables y las promesas que se repiten elección tras elección siguen formando parte del paisaje político provincial. Como si nada hubiera cambiado.
Como si el ciudadano de 2026 fuera el mismo de 1970. Como si todavía alcanzara con reunir a miles de personas frente a un escenario para convencerlas de que el futuro será maravilloso.
Pero el mundo cambió. Y el ciudadano también.
PUBLICIDAD
Cuando el político hablaba y su palabra parecía una verdad absoluta
Hubo una época en la que la comunicación política funcionaba de una manera completamente diferente.
No existían las redes sociales. No había teléfonos inteligentes. Internet no formaba parte de la vida cotidiana. La información circulaba principalmente a través de la radio (una o dos), la televisión (una) y los diarios impresos (uno).
Los dirigentes políticos tenían menos canales para comunicarse directamente con grandes sectores de la población y los actos públicos constituían una herramienta fundamental para difundir sus mensajes. En ese contexto, los grandes encuentros partidarios adquirieron un protagonismo extraordinario.
Los colectivos trasladaban militantes desde diferentes barrios y localidades. Los dirigentes territoriales organizaban la convocatoria y el candidato aparecía sobre un escenario para pronunciar su discurso.
Entonces llegaban las promesas. “Vamos a construir…”. “Vamos a solucionar…”. “Vamos a transformar…”. “Vamos a garantizar…”.
Una sucesión de anuncios que despertaban expectativas y esperanzas. Algunas promesas se cumplían. Otras quedaban pendientes. Y muchas desaparecían hasta la siguiente campaña electoral. El ciudadano tenía menos posibilidades de contrastar inmediatamente aquellas palabras con otras fuentes de información.
Además, cuando los gobiernos ejercían una influencia decisiva sobre determinados medios mediante la publicidad oficial o el control de canales estatales, la pluralidad informativa podía verse condicionada. Era una comunicación predominantemente vertical: el dirigente hablaba y el público (pasivo) escuchaba.
PUBLICIDAD
Llegaron las redes sociales y se terminó el monopolio del discurso
Pero los años pasaron y la tecnología transformó completamente la manera de comunicarnos. Hoy una noticia puede llegar al teléfono de cualquier ciudadano segundos después de producirse. Un discurso político puede transmitirse en vivo, analizarse, discutirse y contrastarse con documentos, estadísticas y publicaciones anteriores.
Una promesa realizada hace cinco años puede recuperarse en cuestión de segundos. Una declaración contradictoria puede viralizarse antes de que termine una conferencia de prensa. Y un vecino puede mostrar con su celular el estado de una calle, una escuela o un hospital sin esperar que un medio tradicional decida publicar su reclamo. El cambio es profundo.
Según datos del INDEC correspondientes al cuarto trimestre de 2024, el 93,7% de los hogares urbanos argentinos tenía acceso a internet y 91 de cada 100 personas de cuatro años o más utilizaban teléfonos celulares.La conectividad no es universal ni elimina las desigualdades digitales, pero cambió de manera decisiva el acceso a la información.
Hoy los políticos ya no son los únicos que pueden contar lo que sucede. Los ciudadanos también pueden mostrarlo. Y esa diferencia modifica las reglas de la comunicación política.
PUBLICIDAD
Los actos masivos y una pregunta incómoda: ¿cuántos van por convicción?
A pesar de esta transformación, en Tucumán continúan realizándose grandes actos partidarios con una lógica organizativa que recuerda a décadas anteriores.
Clubes y espacios públicos se convierten en escenarios donde los dirigentes buscan exhibir capacidad de convocatoria. Los organizadores muestran fotografías de multitudes y celebran la cantidad de asistentes.
Pero aparece una pregunta que merece ser formulada. ¿Cuántas personas concurren porque verdaderamente quieren escuchar al dirigente y cuántas lo hacen por compromisos políticos, vínculos territoriales o expectativas de recibir algún beneficio?
Las denuncias sobre traslado organizado de asistentes, entrega de dinero o utilización de recursos para movilizaciones partidarias deben investigarse y comprobarse en cada caso. No corresponde dar por acreditadas esas prácticas en todos los actos ni atribuirlas indiscriminadamente a sus participantes.
Sin embargo, la pregunta sobre la autenticidad de las convocatorias es legítima. Porque reunir una multitud no equivale necesariamente a contar con el respaldo electoral de cada persona presente.
Alguien puede asistir a un acto por compromiso con un dirigente barrial y después votar a otra fuerza política. También puede concurrir por genuina militancia o identificación con un proyecto.
Lo importante es comprender que la cantidad de personas frente a un escenario no constituye, por sí sola, una medida confiable de la confianza ciudadana.
¿Se confunde convocatoria con poder?
Durante mucho tiempo, llenar un estadio o un club fue considerado una demostración de fortaleza política. Y todavía hoy algunos sectores parecen otorgarle una importancia extraordinaria a esa imagen.
Pero convendría preguntarse si el valor político de un acto debe medirse solamente por la cantidad de asistentes. Un salón lleno no demuestra que una gestión haya mejorado la educación. Una tribuna repleta no significa que haya menos inseguridad. Una multitud aplaudiendo no garantiza que los hospitales funcionen mejor.
Y miles de personas escuchando promesas no representan necesariamente miles de ciudadanos satisfechos con los servicios públicos.
Los actos partidarios son expresiones legítimas de participación democrática y pueden cumplir una función importante para la militancia. El problema aparece cuando la exhibición de fuerza desplaza al debate de propuestas, a la rendición de cuentas y a la evaluación de resultados.
PUBLICIDAD
La experiencia de Javier Milei y una nueva manera de comunicar
La campaña presidencial de Javier Milei en 2023 dejó una enseñanza relevante sobre la transformación de la comunicación política argentina. Su presencia en las redes sociales, el lenguaje directo, los videos breves y el cuestionamiento a las estructuras partidarias tradicionales fueron elementos destacados de su estrategia.
Diversos estudios académicos analizaron cómo Instagram, TikTok y X se convirtieron en espacios importantes para difundir sus mensajes y generar interacción con los votantes.
Milei utilizó un estilo frontal, con expresiones que rompían con los códigos habituales de buena parte de la dirigencia política. Sus seguidores valoraron esa comunicación como una expresión de autenticidad y franqueza. Sus críticos cuestionaron la confrontación y la simplificación de problemas complejos.
Su triunfo electoral no puede explicarse únicamente por las redes sociales: también intervinieron la situación económica, el descontento con las fuerzas tradicionales y múltiples factores políticos. Pero su campaña demostró que los canales digitales podían desempeñar un papel decisivo en la construcción de una candidatura nacional.
Y dejó planteada una pregunta que trasciende a cualquier partido: ¿Los ciudadanos esperan discursos cada vez más elaborados o explicaciones más claras sobre los problemas reales y las decisiones de gobierno?
Decir la verdad no depende del tono de voz ni de la dureza de las palabras. Depende de que las afirmaciones puedan comprobarse y de que los gobernantes reconozcan tanto sus logros como sus errores.
PUBLICIDAD
Las redes sociales por si mismas tampoco son garantía de buena política
Sería un error pensar que modernizar la política consiste solamente en reemplazar los actos por transmisiones en vivo o videos de TikTok. Las redes también pueden difundir información falsa, multiplicar ataques personales y convertir la discusión pública en una competencia por conseguir visualizaciones.
Un político puede utilizar herramientas digitales de última generación y continuar prometiendo lo mismo que sus antecesores. Por eso, la verdadera transformación no es exclusivamente tecnológica. Es una transformación de la relación entre el dirigente y el ciudadano.
La comunicación moderna debería permitir explicar decisiones, escuchar reclamos, publicar información verificable y rendir cuentas. No simplemente trasladar la propaganda de un escenario a una pantalla.
La mejor campaña es mejorarle la vida a la gente
Aquí aparece el punto central de esta reflexión. ¿Qué ocurriría si las campañas políticas dedicaran menos esfuerzos a demostrar poder de convocatoria y más a explicar resultados concretos? Imaginemos un municipio donde las calles estén en condiciones, el alumbrado funcione, los espacios públicos se mantengan limpios y los vecinos reciban respuestas cuando presentan un reclamo.
Imaginemos una provincia con escuelas bien mantenidas, hospitales que atiendan adecuadamente, infraestructura moderna y políticas de seguridad cuyos resultados puedan evaluarse.
En esos escenarios, los gobernantes tendrían hechos concretos para mostrar. No necesitarían que cada discurso comenzara con una interminable enumeración de lo que prometen hacer. Podrían explicar lo realizado, lo que falta y cómo piensan resolverlo.
Por supuesto, ninguna gestión puede solucionar todos los problemas ni prescindir de la comunicación pública. Pero existe una diferencia fundamental entre comunicar resultados y utilizar los anuncios como sustitutos de esos resultados. Hacer más y prometer menos debería ser una exigencia permanente para cualquier gobierno, independientemente de su signo político.
PUBLICIDAD
¿Cuánto cuestan los grandes actos políticos?
También existe una cuestión económica que merece atención. Organizar encuentros multitudinarios puede implicar gastos importantes en transporte, sonido, escenarios, publicidad, logística y seguridad.
Cuando esos recursos provienen de fondos partidarios o aportes privados legales, corresponde respetar las normas de financiamiento y transparencia. Cuando intervienen recursos públicos, resulta indispensable conocer su destino y justificación.
No se puede afirmar cuánto cuestan los actos tucumanos sin acceder a presupuestos y rendiciones de gastos. Pero sí puede reclamarse algo elemental: transparencia sobre quién paga, cuánto cuesta y de dónde sale el dinero. Especialmente en una provincia con necesidades de infraestructura, servicios y asistencia social. Porque cada peso público merece una explicación.
Tucumán necesita discutir el futuro, no repetir el pasado
La política tucumana tiene por delante un desafío que va mucho más allá de aprender a utilizar las redes sociales. Necesita discutir cómo se relaciona con una sociedad que dispone de más información, que puede comparar discursos y que tiene herramientas para reclamar explicaciones.
Los ciudadanos no son espectadores obligados de una puesta en escena. Son personas que trabajan, pagan impuestos, sostienen a sus familias y conviven diariamente con las consecuencias de las decisiones políticas. Merecen que se los escuche y que sus necesidades ocupen el centro del debate público.
No alcanza con modernizar la imagen de una campaña si las prácticas de fondo permanecen intactas. Tampoco alcanza con cambiar las formas de comunicación si no cambia la manera de gobernar.
PUBLICIDAD
Menos escenarios y más soluciones
Quizás haya llegado el momento de revisar una costumbre profundamente arraigada en la política provincial. No se trata de eliminar los actos partidarios ni de cuestionar el derecho de la militancia a reunirse. Se trata de preguntarse qué lugar deben ocupar esas demostraciones frente a las necesidades concretas de la sociedad.
¿Es más importante llenar un estadio o mostrar una escuela que funciona mejor? ¿Es más importante reunir miles de personas para escuchar promesas o presentar resultados verificables sobre seguridad, salud e infraestructura? ¿Es más importante exhibir poder político o demostrar capacidad para resolver problemas? Son preguntas que deberían atravesar a todas las fuerzas políticas.
Porque Tucumán no necesita quedarse detenido en una discusión sobre cuántas personas fue capaz de convocar cada dirigente. Necesita debatir qué provincia quiere construir y cómo se van a alcanzar esos objetivos.
La modernidad política no consiste en tener más seguidores, mejores cámaras o escenarios más grandes. Consiste en comprender que la confianza ciudadana se construye con transparencia, responsabilidad y resultados.
Y tal vez esa sea la reflexión que merece instalarse en Tucumán: Menos actos multitudinarios. Menos promesas repetidas. Más explicaciones, más transparencia y, sobre todo, más acciones concretas.
Porque los discursos pueden despertar expectativas, pero son los hechos los que permiten comprobar si una gestión cumplió con su responsabilidad.
La política cambió de época. El desafío para Tucumán es que también cambien sus prácticas.
PUBLICIDAD
FUENTE:https://sincodigotucuman.com/la-vieja-politica-se-resiste-a-morir-en-tucuman-menos-actos-menos-promesas-y-mas-hechos/





