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Palito Ortega cumple 83 años

“Predije mi vida cuando era un niño y jugaba a cantar sobre un escenario”

El cantante, que el próximo 20 de abril ofrecerá su show de despedida en el Luna Park, dialogó con Infobae sobre su carrera, su familia y el objetivo que se propuso cuando salió de su Tucumán natal.

Palito Ortega cumple 83 años (foto Gastón Taylor)Palito Ortega cumple 83 años.

Se presentaba a sí mismo y se ponía a cantar, imaginando que una platea repleta de público aplaudía frente a él. Y sí, era un sueño demasiado ambicioso. Porque ese niño delgado, nacido el 8 de marzo de 1941 en un hogar modesto de la ciudad de Lules, en la provincia de Tucumán, desde su más tierna infancia había tenido que salir a trabajar para ayudar a su familia. Así que nadie apostaba a que, algún día, su ilusión de convertirse en artista pudiera hacerse realidad. Nadie, excepto él: Ramón Palito Ortega.

La encargada de coordinar la entrevista es ni más ni menos que Evangelina Salazar, la mujer con la que se casó en una ceremonia que paralizó al país entero el 27 de febrero de 1967 y con la que tuvo a sus seis hijos: Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario. Y, a la hora pautada, el cantante se dispone a charlar con Infobae con una simpleza que impide asimilar que ese hombre que habla pausado es uno de los mayores íconos de la música argentina, con más de 28 millones de discos vendidos y 33 películas en su haber.

“Estamos dando los últimos pasos en un escenario gigante que fue muy importante para mi carrera. Yo empecé a dar vueltas con mis canciones en el año 1962. Y después tuve muchas satisfacciones. Terminé grabando por el mundo con gente muy importante, con Frank Sinatra de por medio, filmando y haciendo teatro. Es una historia enorme en relación a lo que podía imaginar cuando arranqué”, dice el creador de La Felicidad y Sabor a Nada, quien este viernes está cumpliendo sus 83 años y, en el marco del Gracias Tour Despedida, se prepara para ofrecer su último show en el estadio Luna Park el próximo 20 de abril.

—Siendo un niño, ¿en algún momento soñó todo lo que vino después?

—De alguna manera sí. Me parece que yo predije bastante mi vida siendo un chico. Porque yo vendía diarios en las colonias, allá en Tucumán, y entre pueblo y pueblo imitaba a un locutor de radio. ¡Y me presentaba yo mismo! Entonces, ahuecando las palmas de mis manos, hacía el sonido de la ovación, el aplauso. Y cantaba los temas que se escuchaban en ese momento…Curiosamente, cuando empecé como solista, un día llegué a Córdoba y me pasó algo muy particular.

—¿Qué?

—Subí al escenario y hubo como una avalancha del público. Entonces yo me tiré para atrás y me vi, exactamente y con una nitidez impresionante, en esa adolescencia en mi provincia, cuando simulaba el sonido de la gente que me estaba aplaudiendo. Me acuerdo que pasó todo eso como una película por mi cabeza. Y me di cuenta de que estaba viviendo aquello que en algún momento había soñado.

Palito Ortega y Evangelina Salazar en la noche de su boda Palito Ortega y Evangelina Salazar en la noche de su boda

—Lo visualizó, pero además creyó en usted mismo para llevar adelante algo que a priori parecía inalcanzable…

—Es que yo siento que hay que estar convencido para lograr lo que se quiere. Porque aquello en lo que uno no crea, no va a pasar. Así que primero tenemos que creer en nosotros mismos, tenemos que imaginarnos, tenemos que soñarnos…Me parece que ese es el diseño que después toma forma. El pensamiento es muy poderoso. Si yo pienso que me va a ir bien, seguramente, si no me va tan bien tampoco me va a ir mal. Pero uno condiciona mucho su actitud, su cuerpo, sus movimientos, sus palabras y su mirada con la mente.

—¿Comparte que las limitaciones están en la cabeza y no en el afuera?

—Sí. Yo creo que todo pasa por el pensamiento positivo que uno tiene que tener, incluso, ante los problemas. Si uno cree que algo no se va a solucionar, ya está condicionando su accionar para que así sea. De manera que hay que creer primero en uno mismo, para que luego los demás crean en uno también.

—¿Cuál fue el momento más difícil para usted a lo largo de todos estos años de carrera?

—No lo sé, porque fueron muchos…En la vida, aún cuando a uno le va bien, no se tiene que olvidar de cuando le iba mal. Porque eso es una referencia para no equivocarse demasiado. Es decir que uno tiene que tener siempre muy presente cómo ha sido su historia. A mí me cerraron muchas puertas cuando empecé. Muchas veces me dijeron que volviera después o que dejara el teléfono que me iban a llamar y el teléfono no sonó nunca. Pero yo no bajé los brazos. Jamás. Porque estaba convencido de que algún día iba a tener la oportunidad de estar en un escenario para mostrarme y que iba a poder salir de gira con mi guitarra. Lo tenía incorporado permanentemente.

—¿Nunca perdió el objetivo?

—No, ni siquiera en los momentos más complicados. Ahí aparecía el otro Ramón, que me daba un golpecito en la espalda y me decía: “Vamos”. Y yo volvía a ponerme en marcha para encarar el camino hacia adelante.

—Muchos artistas consagrados han logrado el éxito a costa de su vida personal, mientras usted ha podido formar una familia numerosa y muy unida…

—Está un uno saber qué es lo que quiere de la vida. Tal vez, tenga que ver con mi propia experiencia. Porque, de chico, tenía grabada la imagen de lo que fue la separación de mis padres (Juan Ortega y Tomasa Rosario Saavedra). Yo me crie con mi padre solo y a mi madre la reencontré de grande. Y, todo eso, parece que no, pero fue pesando en mi comportamiento. Porque yo no quería que me pasara lo mismo. Siempre pensé que, el día que encontrara a la persona con la que quisiera caminar de la mano, no me iba a separar jamás. Así que cuando llegó, la tomé muy fuerte como para encarar el camino con ella. A mí me fascinaba la idea de tener una familia. Y, gracias a Dios, la pude concretar. ¡Y de qué manera! Porque hoy no solo tengo a mi mujer y a mis hijos, sino también a mis nietos que son el regalo más grande que he podido tener.

Palito Ortega con su esposa, Evangelina Salazar y sus hijosPalito Ortega con su esposa, Evangelina Salazar y sus hijos

—Ya es abuelo de siete: Dante, Paloma y Helena, hijos de Sebastián, India y Bautista de Emanuel, Benito de Julieta y Ramsés de Luis.

—Yo disfruto muchísimo cuando vienen a visitarme y tocamos la guitarra o conversamos. Creo que uno tiene que saber aprovechar esos momentos y darle la verdadera dimensión que tienen. Porque el hecho de estar en compañía y recibir el afecto de los seres queridos tiene un valor enorme.

—Quizá ese es el secreto, ya que muchos músicos hablan de esa angustia que sienten al terminar un show multitudinario y encontrarse con la soledad más absoluta….

—Puede ser que haya colegas que tienen una vida más solitaria en la intimidad, que se contradice con lo que les pasa en la calle o cuando suben a un escenario. Cada cual es como es y hace las cosas a su manera. Yo nunca digo que lo yo hago es lo que está bien. Simplemente, hago lo que siento. Y no me ha ido mal: tengo una hermosa familia, tengo buenos amigos, tengo salud, tengo trabajo…Así que no hago más que agradecer por todo esto.

—¿Le queda alguna asignatura pendiente?

—No. Pero hay cosas que han pasado que, si hubiera podido, las hubiera evitado.

—¿Por ejemplo?

—Amigos que se fueron, o algún familiar querido que ya no está…Siempre tengo el recuerdo de una hermanita, Rosario. Éramos cinco varones y ella era la única mujer que había nacido en la casa. Pero, a los 11 años, yendo al colegio tuvo un accidente. La atropelló un auto y murió. Yo ya estaba en Buenos Aires empezando mi carrera. Y ese dolor me quedó grabado para siempre, sin consuelo. Porque esa chiquita me pedía siempre que le cantara y me alentaba. Eso me quedó en lo más profundo del corazón. También los consejos de mi padre, porque yo tenía 16 cuando me vine de Tucumán…

—¡Era una criatura!

—La verdad que sí. Y mi padre me dijo algunas palabras que me acompañaron en los momentos más duros. Así que yo trataba de no equivocarme, porque me daba cierto escalofrío pensar que podía darle un disgusto a él. Me acuerdo que estaba en el andén del ferrocarril y él me dijo: “Recuerde hijo que yo no quisiera, el día de mañana, tener que caminar por este pueblo con la cabeza gacha por su culpa. Pórtese bien”.

—Qué fuerte…

—Sí. Yo, estando en Capital, frente a cada cosa que iba a hacer pensaba en esa imagen de mi padre caminando por el pueblo con la cabeza gacha por mi culpa y me ponía mal.

Palito Ortega se despide del Luna Park (RS Foto)Palito Ortega se despide del Luna Park

—¿Alguna vez sintió que lo defraudó?

—No. Me acuerdo cuando años más tarde fui a Tucumán a pelear la gobernación frente a Antonio Bussi cuando no había ningún político que le pudiera ganar. A mí me parecía que se iba a cometer un error, así que me postulé y le terminé ganando. Ahí, cuando me besé con mi padre, me pasó todo por la cabeza: de dónde salimos, el sacrificio que hicimos trabajando desde chicos para ayudar a la familia… Todo fue una gran experiencia. Y yo me alegro de que esos recuerdos sigan apareciendo, porque creo que uno nunca tiene que olvidarse de dónde vino y de lo que fue. Jamás hay que perder de vista cuál fue el punto de partida, para que sirva de referencia en el presente.

—Hace ya tres años anunció su retiro pero el público no le permite que se baje de los escenario. ¿De verdad se viene el último show?

—Yo creo que, por lo menos, este va a ser mi último Luna Park. En estos días, estuve pensando en la vez que me dijeron que fuera con la guitarra que, a lo mejor, si había tiempo me dejaban cantar. Era allá por el año 1961. El programa se llamaba Escala Musical y tenía mucho éxito en la televisión. Me acuerdo que me quedé esperando y esperando, hasta que terminó la noche y nunca me presentaron.

—¡Qué desconsuelo!

—Siempre tengo el recuerdo de estar con la guitarra en la mano esperando. Y, cada vez que voy a ese estadio, me acuerdo de lo que sentí ese día. Sin embargo, después tuve muchas oportunidades de cantar ahí con un lleno total. Y ahora que me estoy despidiendo de ese escenario, siento una emoción muy grande por todo lo que significa este concierto. Así que estoy seguro de que va a ser una noche muy especial.

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