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La UNT y el síndrome Alperovich: cuando la reelección se vuelve sistema

La UNT no vota, confirma

La elección de consejeros en la Universidad Nacional de Tucumán no define nada. Confirma. Confirma que el camino hacia la tercera reelección de Sergio Pagani ya está trazado. Confirma que el sistema funciona. Y confirma algo más incómodo: que en Tucumán las instituciones aprendieron a adaptarse al poder.


La memoria incómoda

No es la primera vez. Tucumán ya vio cómo funciona este mecanismo. Quedó grabado. Cámaras ocultas. Un funcionario del entorno de Juan Alberto Cerisola ofreciendo contratos a cambio de votos.

No fue solo una denuncia. Fue una escena. Explícita. Pedagógica. Imposible de disimular. Y sin embargo, el sistema no se rompió. Se acomodó.


La coreografía del poder

Trece facultades votan. Pero no compiten.

El proceso que debería expresar pluralidad se parece más a una coreografía sin sobresaltos: alineamientos previsibles, mayorías construidas antes de la urna y silencios que dicen más que los discursos. Lo que antes podía aparecer de manera burda, hoy se ejecuta con prolijidad institucional. Menos exposición. Mismo resultado.

El síndrome Alperovich y el desprecio a lo institucional

No es un nombre. Es un método. Quedarse. Estirar. Reinterpretar los límites hasta que dejen de existir. La UNT no inventa nada. Replica una lógica demasiado conocida en Tucumán: la continuidad como norma, la alternancia como excepción y las instituciones funcionando como escenografía de decisiones ya tomadas.


Legal no siempre es legítimo

Hoy no hay cámaras ocultas. No hay escándalo visible. Hay algo más sofisticado: la normalización del mecanismo. Cuando un sistema ya no necesita ocultarse, es porque ganó. Porque logró algo más profundo que un resultado: logró aceptación.

Y ahí aparece el problema central. Una universidad pública no debería parecerse al poder que debe interpelar. Debería ser el lugar donde se discuten los límites, no donde se los acomoda.


Tucumán, el mismo patrón

Lo de la UNT no es una anomalía. Es un espejo. Un modelo donde las reglas se adaptan, donde los límites son negociables y donde la permanencia se justifica en nombre de la estabilidad.

Primero fue la política. Después, la universidad.

Si antes hubo cámaras mostrando cómo se compraban voluntades y hoy ya no hacen falta, ¿no será que el sistema dejó de necesitar pruebas porque ya está naturalizado?

La pregunta, entonces, no es si Pagani puede volver a ser rector. La pregunta es mucho más incómoda: qué queda de una institución cuando todo parece preparado para que nada cambie.

FUENTE:    https://quediario.com.ar/2026/05/05/la-unt-y-el-sindrome-alperovich-cuando-la-reeleccion-se-vuelve-sistema/

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