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Tucumán entierra la basura y el mundo la convierte en energía

El Consorcio Metropolitano GIRSU administra casi mil toneladas diarias de residuos generadas por ocho municipios del Gran Tucumán.
Mientras el sistema local sigue basado en transportar y enterrar basura, las ciudades más desarrolladas avanzan en modelos que transforman esos mismos residuos en biogás, electricidad, calor industrial y combustibles alternativos.
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Un problema metropolitano, no municipal

La gestión de los residuos sólidos urbanos dejó de ser un problema aislado de cada ciudad. En el Gran Tucumán, la basura ya funciona como un fenómeno metropolitano. Ocho municipios integran el sistema del Consorcio Metropolitano GIRSUSan Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Banda del Río Salí, Tafí Viejo, Las Talitas, Alderetes, Bella Vista y San Isidro de Lules.

En conjunto, este conglomerado urbano representa a más de 1,1 millones de habitantes y genera aproximadamente 354.000 toneladas de residuos por año. Traducido a escala diaria, el sistema debe manejar cerca de 970 toneladas de basura cada 24 horas.

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Las toneladas que produce cada municipio

La distribución de residuos muestra una fuerte concentración. San Miguel de Tucumán genera alrededor de 234.468 toneladas anuales, equivalentes a más de 640 toneladas diarias. Es decir, concentra cerca de dos tercios de todo el volumen metropolitano.

Detrás aparecen Yerba Buena, con unas 34.502 toneladas anualesBanda del Río Salí, con 30.234 toneladasTafí Viejo, con 18.696 toneladasLas Talitas, con 12.266 toneladasAlderetes, con 9.498 toneladasBella Vista, con 7.498 toneladas; y San Isidro de Lules, con aproximadamente 6.995 toneladas anuales.

El dato central es que todo ese volumen no desaparece: se recolecta, se traslada, se procesa parcialmente y, en su mayoría, termina enterrado.

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El modelo actual: juntar, transportar y enterrar

El circuito del GIRSU tucumano responde todavía a una lógica clásica de gestión de residuos: recolección, transporte, clasificación limitada y disposición final. La basura llega a la planta de San Felipe y luego se deriva hacia Overo Pozo, donde se realiza el enterramiento sanitario.

El sistema requiere camiones, combustible, maquinaria pesada, compactación, mantenimiento de celdas, control ambiental, tratamiento de lixiviados y una estructura operativa permanente. Todo eso tiene un costo creciente para los municipios y para los vecinos.

Pero el problema de fondo no es solamente cuánto cuesta. El verdadero debate es qué se hace con la basura. En Tucumán, gran parte de lo que se genera termina bajo tierra. En otros lugares más desarrollados, ese mismo residuo se convierte en energía, insumos industriales o nuevos materiales.

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Lo que Tucumán entierra, otros lo transforman

En las ciudades que avanzaron hacia modelos modernos de economía circular, los residuos dejaron de ser vistos únicamente como un pasivo ambiental. Hoy se los considera una fuente potencial de energía y valor económico.

Los residuos orgánicos pueden transformarse en biogás mediante biodigestión. Ese biogás puede utilizarse para generar electricidad, producir calor industrial o convertirse en biometano, un sustituto del gas natural. Los residuos secos recuperables —cartón, plásticos, metales y vidrio— pueden volver al circuito productivo. Incluso los rechazos no reciclables pueden ser utilizados como combustible derivado de residuos para procesos industriales controlados.

Mientras tanto, en Tucumán todavía predomina una ecuación cara y limitada: pagar para mover basura y pagar para enterrarla.

El costo oculto de enterrar valor

Cada tonelada enterrada representa un doble costo. Por un lado, el costo directo de recolección, traslado, operación y disposición final. Por otro, el costo de oportunidad: energía que no se genera, materiales que no se recuperan, empleo verde que no se crea y vida útil del relleno sanitario que se consume.

Enterrar basura significa también postergar una discusión estratégica para el Gran Tucumán: cómo pasar de un sistema de disposición final a un sistema de valorización. La pregunta ya no debería ser solamente cuánto cuesta tratar una tonelada de residuos, sino cuánto valor se pierde cuando esa tonelada termina bajo tierra.

Con casi mil toneladas diarias, el área metropolitana tiene una escala suficiente para pensar alternativas más ambiciosas: plantas de separación más eficientes, biodigestores, producción de biometano, compostaje masivo, generación eléctrica y acuerdos con industrias que puedan utilizar combustibles alternativos.

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Una oportunidad energética para Tucumán

La provincia enfrenta además un contexto energético sensible. Cada invierno, sectores productivos advierten sobre restricciones de gas, costos crecientes y necesidad de diversificar fuentes de abastecimiento. En ese escenario, los residuos urbanos podrían dejar de ser solo un problema ambiental para convertirse en parte de una solución energética.

El biogás obtenido de residuos orgánicos podría utilizarse para abastecer instalaciones públicas, alimentar procesos industriales o incorporarse progresivamente a esquemas de movilidad y generación eléctrica. No resolvería por sí solo el problema energético provincial, pero sí permitiría reducir costos, disminuir emisiones y aprovechar un recurso que hoy se desperdicia.

La basura metropolitana, bien gestionada, puede transformarse en energía local. Mal gestionada, seguirá siendo gasto, contaminación y enterramiento.

El debate que viene: del relleno sanitario a la economía circular

El Consorcio Metropolitano GIRSU cumple una función clave: ordenar un problema que ningún municipio puede resolver solo. Pero el próximo paso ya no puede limitarse a mejorar el enterramiento. El desafío estratégico es cambiar el paradigma.

El Gran Tucumán necesita discutir una política de residuos que incluya separación en origen, reciclaje real, recuperación de materiales, valorización energética, transparencia de costos y metas públicas de reducción de enterramiento.

Porque lo que hoy se presenta como basura es, en realidad, una mezcla de recursos mal gestionados. En otros lugares, esos residuos se convierten en energía. En Tucumán, todavía se entierran.

La pregunta de fondo es incómoda pero inevitable: ¿seguiremos pagando para enterrar valor o empezaremos a transformar la basura metropolitana en energía, empleo y desarrollo?

FUENTE: https://quediario.com.ar/2026/05/26/la-basura-que-tucuman-entierra-y-el-mundo-convierte-en-energia/

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