El conflicto escaló cuando Jaldo salió a cuestionar a Catalán por, según dijo, “intentar apropiarse de gestiones que no hizo” y por “no aportar ninguna solución ni recurso concreto” frente al drama de las familias afectadas. La respuesta del dirigente libertario no tardó en llegar y subió todavía más la temperatura política: “No pierda tiempo debatiendo conmigo, haga que la asistencia llegue a los tucumanos”, lanzó, en un mensaje directo que buscó colocar al gobernador a la defensiva.
La pelea por la asistencia y por el relato
El cruce no es menor porque pone en discusión un punto central en toda crisis: quién gestiona, quién distribuye y quién se queda con el crédito político. Catalán sostuvo que desde su espacio se contactaron con funcionarios nacionales y que allí les confirmaron que la ayuda ya estaba disponible para ser retirada por la Provincia desde hacía varios días. Con esa afirmación, el referente libertario intentó correr el eje de la discusión: ya no se trataría de una supuesta ausencia de Nación, sino de una demora o ineficiencia local en la logística de distribución.
En ese marco, el mensaje de Catalán incluyó una crítica puntual al ministro de Desarrollo Social, Federico Masso, al reclamarle eficiencia para que la ayuda nacional llegue efectivamente a los damnificados. La frase tuvo una intención política clara: instalar la idea de que, en medio de la tragedia, el oficialismo tucumano se concentra más en la disputa discursiva que en resolver con rapidez la emergencia.
Para Jaldo, el problema es que ese señalamiento toca una fibra sensible. En contextos de crisis social, los gobiernos necesitan exhibir control, rapidez y autoridad. Cuando la oposición logra instalar dudas sobre la capacidad del Estado para asistir, el costo político se multiplica. Y eso es precisamente lo que busca hacer La Libertad Avanza: mostrar a un oficialismo provincial reactivo, incómodo y obligado a defenderse.
El caso Pelli y la presión sobre Monteros
Pero la pelea no se explica solo por las inundaciones. El trasfondo inmediato es también el episodio que involucró al diputado libertario Federico Pelli, agredido en La Madrid por Marcelo “Pichón” Segura, un hombre vinculado políticamente al entorno del ministro del Interior, Darío Monteros. Ese hecho desató una ofensiva opositora que fue mucho más allá del repudio: desde La Libertad Avanza empezaron a exigir responsabilidades políticas y a pedir abiertamente la renuncia de Monteros.
Ahí aparece el punto más incómodo para Jaldo. Porque el gobernador no enfrenta solamente una crítica de coyuntura por la asistencia a los inundados. En realidad, enfrenta una acumulación de episodios que empiezan a dibujar una imagen de desgaste político. La agresión a Pelli y la posterior defensa implícita de la estructura oficialista colocaron al Gobierno en una zona de vulnerabilidad: si minimiza lo ocurrido, parece encubrir; si cede, parece admitir que la oposición tenía razón.
Sostener a Darío Monteros tiene costos; soltarlo también. Ese es el dilema. Si Jaldo lo desplaza, el mensaje interno sería que la presión libertaria logró perforar una de las columnas políticas del oficialismo. Pero si decide blindarlo, prolonga una controversia que La Libertad Avanza buscará explotar cada vez que tenga oportunidad. En política, muchas veces no hay salidas limpias: solo distintos niveles de daño.
El tono de las últimas respuestas oficiales sugiere que el gobernador ya percibe esa incomodidad. Sus cruces con Catalán y el pedido a la diputada Alejandra Molinuevo para que se retracte por acusaciones vinculadas a las inundaciones muestran a un oficialismo más ocupado en responder ataques que en imponer agenda. Y cuando un gobierno entra en esa lógica, empieza a correr detrás de los hechos.
La Libertad Avanza, por su parte, aprovecha la oportunidad para crecer sobre dos registros al mismo tiempo. Por un lado, intenta mostrarse como vínculo directo con el Gobierno nacional y como canal alternativo de gestión. Por otro, construye un discurso de confrontación moral contra la política tradicional tucumana, asociando al jaldismo con prácticas de aparato, violencia y manejo discrecional del poder.
Ese doble movimiento explica por qué el enfrentamiento ya no puede leerse como una simple pelea en redes sociales. Lo que está en juego es algo más profundo: la disputa por la representación opositora real en Tucumán y por la capacidad de convertir una crisis social en un punto de inflexión político.
Más que una chicana, una batalla de poder
En las últimas horas, la discusión pública dejó de ser solamente sobre el agua, los evacuados o la asistencia. El debate se desplazó hacia otra dimensión: quién administra la crisis y quién paga el costo político de que la ayuda no llegue a tiempo. En esa batalla, Catalán encontró un terreno fértil para golpear, mientras Jaldo quedó obligado a defender no solo la gestión de la emergencia, sino también a uno de sus hombres más sensibles en el esquema de poder, Darío Monteros.
La paradoja es elocuente: una tragedia climática que exigía coordinación institucional terminó dejando al descubierto una pelea política más honda. Las inundaciones expusieron la fragilidad social de una parte de Tucumán, pero también evidenciaron una puja de liderazgo, relato y autoridad. Y en esa escena, Jaldo aparece cada vez más presionado por sostener a Monteros, mientras La Libertad Avanza busca convertir cada episodio en una prueba de desgaste del oficialismo.
La emergencia, así, dejó de ser solo una crisis humanitaria. También se convirtió en un campo de batalla por el poder.
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/03/15/jaldo-catalan-y-el-caso-pelli-la-crisis-por-las-inundaciones-abrio-una-pelea-politica-que-arrincona-al-gobierno-provincial/





