
El fallo que la obligó a callar abrió una discusión mayor.
El punto no es sólo jurídico. El punto es la velocidad. En Tucumán, la Justicia puede dormir años sobre causas sensibles, pero cuando el poder se siente rozado por una acusación política, de pronto aparece lúcida, expeditiva y pedagógica. No sólo interviene: además deja moraleja. El fallo no resuelve únicamente un conflicto entre partes. También emite una señal al resto: cuidado con lo que se dice, cuidado con a quién se señala.
Fallos que enseñan
Molinuevo había acusado a Jaldo de haber anticipado un fallo antes de que ella misma fuera notificada. Después llegó la respuesta judicial, con tono de correctivo. Y ahí es donde la escena deja de ser un simple pleito por el honor para transformarse en un síntoma institucional. Porque en una provincia donde hace años circulan sospechas sobre la cercanía entre el poder político y ciertos sectores del poder judicial, cada resolución de alto voltaje político se lee también como un gesto de alineamiento.

Los antecedentes pesan. El caso del ex juez Enrique Pedicone, que denunció presiones de Daniel Leiva y salpicó en esa trama a la conducción política de entonces, sigue funcionando como una herida abierta en la memoria institucional tucumana.
Más reciente aún fue la detención del abogado Gustavo Morales, celebrada políticamente por el propio gobernador en la Legislatura. Distintos episodios, sí. Pero todos alimentan la misma sospecha: en Tucumán, el poder no sólo gobierna; también ordena el clima en el que se administra justicia.

Por eso el problema no es únicamente Jaldo, ni solamente Molinuevo. El problema es una mecánica. Una provincia donde siempre aparecen nombres conocidos orbitando alrededor de los momentos decisivos. Una provincia donde el ciudadano de a pie ya no discute si hay independencia plena, sino cuánto margen queda antes de que la política vuelva a entrar por la ventana del tribunal.
Y cuando eso pasa, el fallo deja de ser sólo un fallo. Se vuelve escenografía. Se vuelve advertencia.
Se vuelve ejemplificador. En Tucumán, a veces la Justicia no parece ciega: parece orientada.
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/03/17/jaldo-y-leiva-frente-a-la-palabra-cuando-opinar-en-tucuman-tiene-costo-judicial/




