La empresaria vitivinícola Silvia Gramajo, propietaria de la bodega Luna de Cuarzo, en diálogo con Café Prensa en el Día del Malbec, recordó los desafíos que implicó llevar adelante la plantación que hoy permite, año a año, generar una cosecha y producir vinos tucumanos. Además, dejó un mensaje para quienes comienzan un emprendimiento.
«Luna de Cuarzo inició entre 2010 y 2012, con un proyecto de venirnos al valle. No sabíamos qué íbamos a hacer, a un lugar donde no había ni señal de teléfono», comentó sobre sus comienzos. «No sabíamos que íbamos a plantar viñas. Esto fue gracias a un ingeniero que nos sugirió hacerlo; en ese momento pensábamos que venderíamos uvas en el mercado, que son muy diferentes a las que se usan para producir vino», agregó.
Luego relató que, en una primera etapa, «conseguimos los primeros plantines, pero el gran desafío fue conseguir agua en aquellos tiempos, cuando se hacían pozos en el este, al lado de las Termas de Río Hondo, que eran pozos pequeños».
«Cuando vinieron unos amigos con los que buscábamos el agua, se rompían los equipos al encontrarse con piedras y todo se demoraba. Pero hay que creer en los saberes de la gente que vive en la zona. Llamamos a un señor que, con una varilla, nos señaló que había agua y ahí cavamos, y efectivamente era así. Por eso siempre hay que creer y, sobre todo, confiar en los saberes de las personas del lugar», continuó, destacando la ayuda de los habitantes de la zona.
«Esta zona está muy llena de piedras blancas, que es una veta de cuarzo, y habrá sido muy importante la zona mineral con el tema del silicio», contó sobre las características del suelo. «Me parecía una gran luna de cuarzo y tenía mucho que ver con la energía femenina; por ello elegí el nombre», explicó respecto de la inspiración para denominar a su bodega.
En el marco del Día del Malbec, señaló que «nuestra cepa es el torrontés, netamente argentina, pero somos conocidos por el Malbec, que podemos disfrutar en Argentina con sus propios sabores y estructura. La tierra en el Nuevo Mundo es diferente a la del Viejo Mundo». Sin embargo, aclaró: «Hacer vino es como criar un hijo, porque tenés que esperar meses para la fermentación, pero podés esperar cuatro o cinco años en la barrica».
«Es la crianza en la barrica, ver qué aroma tiene y cómo va creciendo el vino; esa es la analogía con la crianza de un hijo. A pesar de que quieran impulsar vinos sin alcohol, no va a cambiar la esencia, porque se sabe que el vino es un momento de celebración», continuó.
Finalmente, en base a su experiencia, brindó un mensaje para quienes quieran emprender: «No hay que parar ni dejar que el tiempo pase, hay que continuar cuando uno tiene un sueño». «Pero eso implica saber cuándo concretarlo. El mensaje que doy es disfrutar el camino en la búsqueda de ese sueño, porque cuando se termina, hay que buscar una nueva meta», concluyó.




