La psicóloga y sexóloga Verónica Figueroa dialogó con Café Prensa sobre las relaciones actuales y presentó su taller destinado a personas que atraviesan separaciones amorosas. Además, analizó cómo impacta la hiperconectividad en los jóvenes y en los vínculos sociales.
“‘Amar sin perderse’ es un taller que tendrá una segunda fecha este sábado 16, en Marcos Paz 290, a las 17 horas. Está destinado a aquellas personas a las que las rupturas amorosas les calan profundo y les generan situaciones difíciles de sobrellevar, dejando sensaciones de no poder seguir”, explicó, invitando a la audiencia a participar. Y agregó: “El amar no tiene que ver con darlo todo, es un trabajo recíproco, porque querernos vacíos… ¿qué podés dar si no tenés nada? El amor es armonizar las diferencias y no es fácil, porque hay que amarse con los ojos abiertos, a la persona real, no a la ideal, basada en imágenes ni heridas”.
Además, señaló que “si siempre elijo personas que me hacen daño, es un tema de cada uno; hay que poner un palo en la rueda para dejar de repetir patrones, para hacer consciente lo inconsciente”. En ese sentido, añadió: “Tenemos capacidad de amar, de vernos bien, y aquello que te das es lo que tenés para dar. Si recibís migajas, eso es lo que vas a dar. Es muy común que, cuando se da la ruptura, sea algo muy trágico: son ocho, diez días o hasta dos meses donde están pendientes de la otra persona, revisando redes sociales, esperando un mensaje”.
“Con la otra persona construimos una identidad en base al otro; sentís que llega el fin de semana y no tenés nada que hacer porque basás tu rutina en la otra persona. La mismidad es lo que deben aprender a disfrutar con uno mismo, estar acompañado de uno mismo”, continuó sobre el proceso posterior a una ruptura. “Si podemos no necesitar de alguien, pero estar con alguien es más deseo que necesidad. Ahora, creer que podés estar sin alguien no sé si se puede decir tan terminantemente, porque el futuro es tentativo; no sabés si en un año podés sentir el deseo de estar con alguien”, sostuvo.
“A veces en las relaciones hay miedo que aparece para boicotear la felicidad, porque lo malo son las polarizaciones; en el medio hay alternativas que se van construyendo”, afirmó. Sobre el taller, explicó: “Trabajamos el impacto subjetivo cuando te dejan o vos dejás y te arrepentís, porque se genera una costumbre. Con palabras o gestos se activa la dopamina, que genera bienestar y brinda la sensación de felicidad. Cuando esa persona se va y deja de activar mi sistema, se genera una abstinencia de dopamina”.
También remarcó la importancia de validar las emociones durante ese proceso: “Es bueno decir ‘no puedo’, ‘me siento mal’, ‘no quiero salir’. Es controlar neurovegetativamente lo que sentimos, porque trabajamos con las emociones, pero a veces descuidamos la sintomatología orgánica como la ansiedad o la angustia. La idea es manejar estas emociones calmando el sistema neurovegetativo y empezando desde otro lugar, viendo cómo manejar estas situaciones”.
Figueroa consideró además que “cada vez hay más gente que puede interpelarse y romper mandatos y estereotipos, como el de casarse para toda la vida o aguantar por amor. Hoy, desde la salud mental, entendemos que si el amor no hace bien, no es bueno”. Y agregó: “Hoy incluso en instituciones eclesiásticas se pregunta si los padres están juntos, y ya no es lo normal, porque hay más diversidad y empezamos a instalar lo que significa estar bien antes que sostener paradigmas”.
En esa línea, advirtió sobre las formas violentas de vincularse: “Empezamos a trabajar esto de ‘por amor se muere o se mata’, donde las estadísticas apuntan a que el 82% de las víctimas son principalmente mujeres, y donde el lugar más peligroso para ellas es la casa con las personas que dicen que las ‘aman’. En nombre del amor y del aguantar se soportaban formas de amar que terminaban en muerte, no solo física sino también emocional”. Y continuó: “Todos tenemos familias donde no hubo amor, sino infidelidad, violencia, entre otras situaciones. Esto nos demandó empezar a ver qué herramientas podemos brindar de manera preventiva. He creado en el Observatorio de la Mujer el programa ‘Noviazgos sin violencia’, donde ensayamos los modelos de amor en el noviazgo, porque allí se instalan los modelos violentos. Buscamos instalar la idea de amarnos bien, de que hay amores buenos, que una relación puede terminar y no pasa nada, que se puede aprender de lo vivido y mejorar”.
Finalmente, reflexionó sobre la transformación de los vínculos: “El amor cambia, se transforma permanentemente y va a depender de los intereses y necesidades de dos personas, porque el amor es un contrato entre dos, si sabemos leernos y entendernos”. Y añadió: “Se puede terminar, porque se nota cuando no hay amor y cuando hay se transforma. En una pareja madura el amor cambia; no necesariamente tiene que ver con la cantidad de años, sino con la calidad y con cómo se van reinventando. Cuando lo que se recibe da placer, funciona, salvo cuando son relaciones no sanas”.
Los jóvenes y la hiperconectividad
Sobre el impacto de las redes sociales, Figueroa sostuvo que “los jóvenes tienen hoy una sobrecarga emocional dada por la vertiginosidad de las redes sociales. Hay gente que habla con la IA y obtiene una respuesta del otro lado, que no deja un verdadero sustento emocional”.
“Hoy deberíamos trabajar la digitalización casi como una psicopatía, porque hay un vacío social. La hiperconectividad genera una gran desconectividad: en muchos hogares se mandan mensajes de habitación a habitación e incluso el ida y vuelta se da por mensajería”, analizó. Y agregó: “El gaslighting no es selectivo, sino que también se da por indiferencia. Hay sobreexposición en una vida que se transforma en pública y no es real. Si no hay seguidores, si no me convierto en influencer, no existo. Este vaciamiento genera sobreexigencia”.
“Puedo hablar con gente a la vez y en otros países, pero la realidad es que estoy sola. Puedo mostrarme exitosa, pero estar rota por dentro. Por eso tienen la sobreexigencia de salir, mostrarse como jóvenes sobrefuncionales que se exponen, pero están rotos porque no tienen un sustento, sumado a un contexto generalizado de padecimiento y sufrimiento”, advirtió.
Asimismo, explicó que “hay una producción de sufrimiento subjetivo que tiene que ver con las circunstancias y que aumenta la necesidad de estar bien aunque no lo estemos”. Sobre las señales de alerta, indicó: “Hay signos cuando los jóvenes pasan mucho tiempo en redes. Si se pierde el contacto, la emotividad o hay polaridad en las emociones, estamos viendo cambios de conducta llamativos”.
Finalmente, reflexionó que fenómenos como “las amenazas de tiroteos en colegios” responden a que “como sociedad estamos muy fragmentados, y esa fragmentación de los lazos sociales genera que algunas personas queden vulneradas y busquen algún tipo de poder cuando en la realidad no pueden hacerlo”.




