La distorsión del diario La Gaceta: llamar “pérdida” a lo que en realidad es alivio para los tucumanos

Cuando el Estado no cobra, no desaparece la plata.
El enfoque de La Gaceta parte de una lógica clásica del estatismo fiscal: todo peso que no ingresa a las arcas públicas es tratado como un daño colectivo. Sin embargo, en la vida real, esos recursos no se esfuman, ni generan un agujero económico automático.
Lo que ocurre es más simple —y más incómodo para el poder político—:
- Los trabajadores dejan de soportar cargas que encarecen su empleo
- Los comerciantes y pymes reducen costos que hoy ahogan la actividad
- La plata queda en la economía real, circulando en consumo, inversión o sostenimiento del empleo
Llamar a eso “pérdida” es confundir deliberadamente al lector.
La palabra que no aparece: gasto
La distorsión no está solo en lo que se dice, sino en lo que se omite. En ningún momento el enfoque dominante se detiene en el otro lado de la ecuación: el gasto público, y especialmente el gasto político.
Tucumán sostiene una de las Legislaturas más caras del país, con un nivel de erogaciones que rara vez se discute en términos de eficiencia, austeridad o resultados. No hay titulares alarmistas cuando el presupuesto legislativo crece, ni editoriales preguntando si esa estructura es sostenible.
El contraste es evidente: bajar impuestos genera escándalo; sostener privilegios, silencio.
El error conceptual que se repite
Hablar de “pérdida de recursos” es asumir que el Estado es el único administrador legítimo del dinero. Bajo esa lógica, el ciudadano siempre está en deuda y el sector privado siempre es una caja a exprimir.
Pero los resultados de ese modelo están a la vista:
- Alta informalidad
- Comercios al límite
- Empleo privado estancado
La reforma laboral no plantea un problema económico, sino un desafío político: obliga a discutir si el ajuste puede empezar alguna vez por el Estado y no siempre por la gente.
No pierde Tucumán: deja de pagar la fiesta
La distorsión central del enfoque de La Gaceta es semántica, pero profundamente ideológica. No se trata de una provincia que pierde, sino de una sociedad que deja de financiar una estructura política costosa y poco revisada.
La verdadera fiesta cara no es la baja de impuestos. Es un gasto político que nunca se audita con la misma dureza con la que se juzga cualquier alivio fiscal. Y mientras esa discusión siga ausente, seguir llamando “pérdida” a lo que en realidad es devolución seguirá siendo una forma elegante de defender el statu quo.
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/02/01/la-distorsion-de-la-gaceta-llamar-perdida-a-lo-que-en-realidad-es-alivio-para-los-tucumanos/




