Qué falla en el sistema de transporte tucumano. Tucumán: 30 años de subsidios, empresarios eternos y un transporte público que funciona cada vez peor.
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Mientras China desembarca en Chile con 121 buses eléctricos para transformar a Copiapó en la primera ciudad sudamericana con transporte público 100% eléctrico, Tucumán sigue atrapada en un sistema de colectivos viejo, subsidiado, opaco y manejado hace décadas por los mismos actores.
China enviará 121 buses eléctricos y convertirá a una ciudad sudamericana en la primera con transporte público 100% eléctrico
La postal tucumana ya es conocida: empresarios que aseguran que “los números no cierran”, amenazas de paro, unidades deterioradas, usuarios hacinados y funcionarios que aparecen siempre con fondos de emergencia para evitar el colapso total.
Pero hay una pregunta que hace años nadie responde de fondo: si el negocio es tan malo, ¿por qué los mismos empresarios siguen dentro del sistema desde hace décadas?
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Empresarios eternos y un sistema que nunca cambia
Los nombres cambian poco. Las estructuras tampoco. El esquema gira alrededor de AETAT y de grupos empresarios históricos que sobreviven a todas las crisis, a todos los gobiernos y a todos los fracasos del sistema.
Empresarios que denuncian pérdidas permanentes, pero nunca abandonan el negocio. Al contrario: continúan concentrando líneas, poder y negociación política.
El transporte tucumano parece funcionar bajo una lógica extraña: cuanto peor funciona el sistema, más recursos públicos recibe.
Copiapó apuesta al futuro mientras Tucumán administra la decadencia.
La diferencia con Copiapó no pasa solamente por la compra de colectivos eléctricos. Lo que Chile está construyendo es un nuevo modelo de transporte público pensado para el usuario y para las próximas décadas.
Se estima que más de 25 mil personas por día utilizarán este nuevo sistema eléctrico en la capital regional de Atacama, que ya comenzó a circular por sus calles con unidades modernas, silenciosas y sustentables.
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Los beneficios son concretos:
- Menor contaminación ambiental y reducción de emisiones.
- Un sistema de pago más seguro, moderno y digitalizado.
- Tecnología que permite planificar viajes en tiempo real y mejorar frecuencias.
- Menores costos operativos a largo plazo.
- Un modelo que podría transformarse en referencia para otras ciudades de América Latina.
Mientras ciudades de la región avanzan hacia sistemas inteligentes y sustentables, Tucumán sigue atrapada en discusiones básicas sobre subsidios, paros y amenazas de colapso.
Mientras Chile piensa cómo electrificar el futuro, Tucumán todavía no logró ordenar el presente.
Una caja política y empresarial sostenida por los usuarios.
Ahí aparece el verdadero núcleo del problema tucumano.
Porque el transporte dejó hace tiempo de ser solamente un servicio público. Se transformó en una enorme caja política y empresarial, sostenida por subsidios estatales, boletos cada vez más caros y una ciudadanía cautiva que no tiene otra alternativa para moverse.
Durante casi tres décadas, Tucumán recibió millones y millones en subsidios nacionales, provinciales y municipales. Sin embargo, el sistema nunca mejoró estructuralmente. No hubo modernización seria, ni integración metropolitana eficiente, ni planificación sustentable, ni transparencia real sobre costos, frecuencias o destino de los fondos.
El usuario paga más, viaja peor y encima financia un sistema que vive en emergencia permanente.
El resultado es grotesco: un sistema carísimo para el Estado y pésimo para el usuario. Y allí también queda expuesto el rol de la política.
Porque si durante 30 años el servicio fue malo, los subsidios crecieron y los empresarios siguieron siendo los mismos, resulta inevitable preguntarse si existe una verdadera decisión de transformar el sistema o si la crisis permanente terminó siendo funcional para todos los actores involucrados.
¿Puede existir semejante continuidad de empresarios, subsidios y fracaso sin complicidad política?
Cada crisis habilita más subsidios. Cada amenaza de paro genera nuevas negociaciones. Cada emergencia justifica transferencias extraordinarias. Y mientras tanto, nadie rompe el esquema.
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La crisis parece administrarse, no resolverse.
China no eligió Copiapó solamente porque quiera impulsar buses eléctricos. Eligió una ciudad que ofrece previsibilidad, planificación y un horizonte claro. Tucumán, hacia afuera, muestra exactamente lo contrario: un sistema tomado por la improvisación, la dependencia política y una lógica corporativa que parece diseñada para sobrevivir eternamente en crisis. La pregunta ya no es si el transporte tucumano funciona mal. Eso lo sabe cualquiera que espere un colectivo.
La pregunta es otra: ¿quiénes se benefician de que nunca funcione bien?
FUENTE:
https://quediario.com.ar/2026/05/15/china-eligio-copiapo-y-no-tucuman-que-falla-en-el-sistema-de-transporte-tucumano/




